Mis manos se deslizan,
infinitamente y silenciosas,
jugueteando con el pasado.
Caes vencido por la muerte,
tu guerra ha acabado,
y sigues sin embargo luchando en pie,
ciego vilmente, empeñando en el exilio.
Sabes en tus labios que el final está cerca:
el profundo abismo donde tu alma repta,
así como los ojos resuenan en la correspondencia del ser.
Los perfumes se vuelven humos
y los héroes yacen olvidados.
En la cruz lo único que queda
es mi despojo, mi resto humano.
Las piernas de las prostitutas se abren en par,
y el amor se esfuma.
Así la humanidad crece y se vuelve carroña.
Así los gusanos nos desarman y se alimentan,
así es como quieres tu,
padre milenario y olvidadizo,
que nuestros recuerdos fantasmales se alcen desde lo profundo,
y las telarañas de la memoria se vuelen en un soplo.
Si, en mis delirios,
mi piel se crispa y se entiende presente
así, mis manos nuevamente recorren tus cabellos,
y piden al cielo,
misericordia.
Recuerdos de un viaje: Jodhpur
Hace 11 años

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