6 de julio de 2009

Funeral

Como una roca velo,
inamovible,
la caida de tu cuerpo.
La cáscara humana que se marchita,
tus ojos de vidrio empañado,
tu voz que crepita en silencio.
El fuego de un ángel arde en tus sienes,
el invierno ha llegado sin aviso al pie de tu cama,
y en la sala, los fantasmas se acarician las memorias.
Las luces flotan distantes sobre los aparadores,
espectral soledad en ecos ronda la casa.
Y en el umbral de tu habitación,
una dama blanca yace de pie
como yo a tu lado,
observando,
esperando el momento,
para dar un paso adelante,
y llevarte de su mano.

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